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martes, 18 de octubre de 2011

Entrevista a Roger Schank sobre el aprendizaje.



Voy a comentar un poco mi experiencia en este campo. Para contextualizar el tema, diré que entreno un grupo de niños y adolescentes en el deporte Karate. Pues bien, si yo explico cómo se realiza una técnica, por ejemplo el ataque de puño, y digo que hay que pasar por 3 fases de modo que aprovechemos al máximo la fuera de los músculos en cada fase, explico la trayectoria que debe seguir etc, observo que los alumnos tratan de seguir las instrucciones, sin demasiado éxito ya que deforman bastante la técnica.

Si yo les muestro cómo se debe hacer, ejemplificando el gesto, ellos lo repetirán de modo que se acercarán un poco más al gesto, pero seguirán sin realizarlo correctamente.

En cambio, si les proporciono una experiencia, la cosa cambia. Si pongo delante de ellos a un compañero, el cual pone la mano en su puño ofreciendo resistencia y él alumno que realiza la acción ha de estirar el brazo realizando el ataque, deberá hacer el gesto de modo que aproveche al máximo su musculatura, y entonces comprenderá el porqué se debe hacer así la técnica y aprenderá.

Por otro lado, con respecto a que se regula lo que aprendemos, pienso que es un poco lo que está ocurriendo en clase. Tenemos mucha información, y aprendemos, pero cada uno profundiza un poco más en lo que le interesa, de modo que no todos aprendemos lo mismo, pero a fin de cuentas, aprendemos.

El mejor método no es vomitarle al alumno un discurso o unos apuntes de los cuales, pasados unos meses no retendrá ni siquiera el 5%, ni dar una clase únicamente con los contenidos que el profesor cree que son importantes. Tal vez lo mejor sería dejar que el alumno aprendiera sin imposición, sin control, sin examen. Simplemente permitiéndole que de alguna manera, la que se le ocurra, deje constancia de su aprendizaje y facilitándole situaciones para que aprenda lo que a él le guste, plantearle preguntas, retos, etc.

Yo, personalmente, pienso que si la enseñanza no se planteara como obligatoria, sino como parte del desarrollo de uno mismo, fomentando las situaciones para aprender, los niños y adolescentes irían más contentos a la escuela y el fracaso escolar disminuiría.

Matemáticas, Historia, Biología, dejemos que sean ellos quienes la descubran. Pongamos la información a su alcance, pero dejemos que se centren en lo que más les motive. Tal vez algunos no lleguen a conocer el Ciclo de Krebs, ni sepan Algebra o ni tan siquiera sepan quien fué Fernando "el Católico". Pero estoy seguro de que sabrán muchas otras cosas, cosas que realmente les sirvan. Y serán cosas que nunca van a olvidar.

La palabra "obligación" condiciona mucho. Y destruye el verdadero valor de Aprender ya que si te sientes obligado a realizar algo, terminas creando rechazo hacia ello y lo haces sin interés.

miércoles, 5 de octubre de 2011

"Aprender a Desaprender"

Los avances de la ciencia nos han permitido un logro increíble: poder desestimar millones de ideas en las que un día creímos a pies juntillas. Lo dice Eduardo Punset en su libro El viaje al poder de la mente. En él plantea que no somos conscientes todavía de lo que implica para nuestro futuro poder echar por la borda gran parte de lo conocido hasta hace muy poco. Y menos todavía, asimilar que mucho más útil que aprender empieza a ser desaprender determinadas cosas.

El mundo gira a un ritmo tan vertiginoso que todos los días desestimamos una idea que un día fue importante, pero rechazamos desaprender algo que habíamos aprendido. Todo ocurre tan rápido que apenas nos da tiempo a pensar en ello, pero la realidad es que el mundo se equivoca un día sí y el otro también. Muchas de las cosas que nos han servido hasta ahora han dejado de ser útiles, sin embargo demasiadas de ellas siguen estando vigentes. El neoliberalismo no funciona, pero sigue mandando en los mercados. Europa es una entelequia económica, pero el país más poderoso del viejo continente, Alemania, puede cambiar la Constitución española por sus razones económicas. Aunque ninguna de las dos cosas sirven para mejorar la vida de los ciudadanos, nadie parece dispuesto a discutirlo.

Ha habido que esperar varios siglos para llegar a un convencimiento tan deslumbrante como el que propició Copérnico al descubrir que el universo no giraba en torno a la tierra: el mundo hace ya tiempo que dejó de girar en torno al hombre, que tiene ahora un papel muy secundario en esta sociedad globalizada. Hemos pasado de ciudadanos a consumidores de una economía insaciable, por eso es más importante atender la sed de dinero fresco de los mercados que las graves hambrunas de Somalia. Si la única alegría del mundo es comenzar, que diría Cesare Pavese, a esta sociedad le está haciendo falta un nuevo inicio para poder desaprender parte de lo aprendido.

Este verano de Libia, de la prima de riesgo, de The News of the World, de Strauss-Kahn, de Amy Winehouse, de la SGAE, de las elecciones anticipadas, de anticipar el anticipo, de las reformas de Zapatero, de la Fiesta del Pulpo de Rajoy, de la visita del Papa y del dedo en el ojo de Mourinho, hemos desaprendido algunas cosas que sabíamos de dictadores, de economía y del periodismo británico. También de las ideologías, de las de derecha y de lo poco que va quedando de las de izquierda. Del fútbol, de las élites políticas, de las religiosas y de los mitos musicales. Hemos aprendido que cada día ocurre algo importante, que al día siguiente no tiene casi importancia alguna.

El presente discurre a toda hostia en el parqué bursátil. Las ideologías chocan cada mañana contra el índice Dow Jones. Los bancos rescatan a los bancos. Luego los Gobiernos rescatan a los bancos rescatadores. Y ahora los Gobiernos rescatadores son rescatados por otros Gobiernos a los que cualquier día habrá que también que rescatar. El verano que hemos vivido peligrosamente concluye sin que hayamos desaprendido lo bastante para no volver a caer en los mismos errores. El mundo vuelve a equivocarse, como lo ha hecho tantas y tantas veces a lo largo de la historia. Esto no tiene más solución que echar por la borda gran parte de lo que hemos conocido hasta ahora. Pero, lamentablemente para millones de personas, necesitamos demasiado tiempo para desaprender lo aprendido.

Artículo obtenido de: El País

lunes, 26 de septiembre de 2011

No somos lo que tenemos


El consumismo vertiginoso actual nos está aislando. La abundancia de productos en el mercado nos abruma y nos deja desprotegidos, con la sensación de que nunca tendremos suficientes cosas si no seguimos consumiendo.

El consumismo vertiginoso de la sociedad actual nos está aislando. La frustración asola a gente con buenas familias, amigos, buena salud y todas sus necesidades básicas, además de infinidad de cosas que no necesita. Este consumismo no es sino una muestra de insatisfacción e infelicidad.

Pocas veces se cuestiona la raíz de nuestro malestar. La sociedad corre tan rápido que nos deja poco tiempo para plantearnos alternativas y para darnos cuenta de que somos seres afortunados y que, con tanta miseria a nuestro alrededor, podríamos salir de nuestro autismo y arrimar el hombro a los más necesitados. El individualismo egoísta nos empuja hacia el consumo y nos aleja de las personas. Nos hace insolidarios.

Decir que lo material no asegura una vida plena no denota cursilería ni un idealismo absurdo. Vemos a gente vivir sin sentido en medio de sociedades que viven en la abundancia. Llamamos “problemas” a muchos monstruos que creamos con la colaboración de una publicidad engañosa y la presión de una sociedad salvajemente competitiva. El modelo consumista de hoy nos impide ser nosotros mismos y buscar nuestra felicidad.

Este modelo está diseñado para que todos tengamos la misma apariencia, que pensemos igual, que tengamos las mismas necesidades materiales y siempre que sintamos que no tenemos suficiente. Esta homogeneidad nauseabunda nos recuerda la obsesión soviética por la uniformidad. La diferencia es que, en nuestra sociedad occidental, democrática y capitalista, somos lo que tenemos.

Nos bombardean con anuncios publicitarios de comida basura hasta que creemos que tenemos hambre. Después comemos esa insulsa comida acompañada de una Coca Cola extra grande, toda una carga de carbohidratos que nos drena la energía y nos llena de grasa. Nos inmoviliza.

Después de este abuso llega la culpa y el malestar. Nos bombardean con imágenes de modelos que tienen cuerpos y caras sin imperfección alguna. Ignoramos que los expertos en imagen pueden hacer maravillas, que la tecnología audiovisual hace desaparecer cualquier imperfección. El mensaje queda claro: tenemos que vernos así. Nos observamos en el espejo y vemos que queda un largo recorrido. Es preciso ahora comprar una serie de productos para bajar de peso, desde inútiles aparatos de abdominales hasta productos “naturales" para quemar grasa, medicamentos cuyos efectos secundarios desconocemos. O ir al médico e incluso conseguir los medios para pagar una liposucción.

Esta constante presión provoca anorexia, bulimia, obesidad y lleva a las personas a la locura. ¿Adónde nos están arrastrando? ¿Quién se beneficia? La industria farmacéutica tiene una fuente inagotable de dinero con tanta obesidad y desórdenes alimenticios. Los doctores tienen asegurados miles de pacientes. McDonald’s seguirá haciendo “sonreír” a millones de seres durante lustros si todo continúa como hasta ahora.

El modelo consumista beneficia a los gigantes multinacionales, cuya riqueza supera el PIB de muchos países y, por tanto, amenaza la soberanía de los pueblos. Logran sus objetivos a costa nuestra y, aunque parece que somos indiferentes, en realidad no nos damos cuenta por la velocidad de la vida “moderna". La abundancia de productos en el mercado nos abruma y nos deja desprotegidos, con la sensación de que nunca tendremos suficientes cosas si no seguimos consumiendo.

El PNUD ya nos anunciaba en 1998 los niveles de consumo de nuestras sociedades: cada año, se gastan en EEUU cerca de 8.000 millones de dólares en cosméticos; en Europa, 11.000 millones en helados, 50.000 millones en cigarrillos, 105.000 millones en bebidas alcohólicas y 400.000 millones en narcóticos; en Europa y Estados Unidos, 12.000 millones en perfumes y 17.000 millones en comida para mascotas. PNUD calculó que se necesitaban 40.000 millones de dólares anuales durante diez años para cubrir las necesidades básicas de todos los seres humanos. Si elegimos seguir una vida de consumismo ciego en una burbuja rosa, al menos reconozcamos que no nos costaría nada ayudar a otros seres humanos a cubrir sus necesidades básicas. Es posible y es necesario.



Carlos Miguélez
CCS - España
21 de setiembre de 2005

El humor y el gimnasio, las mejores herramientas para combatir el estrés.



Los trabajadores italianos, españoles y franceses han participado en la última encuesta de Monster: “¿Cómo sobrevivir al estrés del trabajo?”. La mayoría asegura que, tras las vacaciones, lo mejor es volver con mucho ingenio a la oficina y eliminar las malas energías haciendo deporte


La depresión postvacacional es, para muchos, inevitable por culpa del nivel de estrés al que están sometidos en el trabajo. Inevitablemente, el regreso a la rutina afecta al estado emocional pero a pesar de todo, el empleado debe buscar soluciones alternativas sin rendirse y conseguir hacer más llevadero el regreso a la oficina.

Según una encuesta elaborada en España, Francia e Italia por el portal de empleo Monster, el 20% de los encuestados asegura no tener la solución eficaz para enfrentarse al estrés laboral tras la vuelta de las vacaciones. Especialmente difícil es para los españoles (28%), frente a los italianos (20%) y a los franceses (13%).

Mejor lo lleva el 38,33% de los trabajadores que aseguraron a Monster que la mejor solución es tomarse las cosas con humor e ironía. Especialmente los italianos: el 46% es capaz de prevenir el estrés con una sonrisa, sin dejar que las malas noticias le afecten demasiado. Les siguen los franceses (37%) y los españoles (32%).

La segunda mejor opción es el gimnasio. El 22% de los encuestados se desahoga haciendo ejercicio. “Esta es, de hecho, la opción por la que se decanta el 26% de los encuestados en Francia, el 21% en España y el 19% en Italia”, apunta Monster.

Un escueto 11% reconoce refugiarse en la comida, la bebida y el tabaco para acudir a trabajar cada mañana con buena cara, mientras que un 8% opta por pensar en las siguientes vacaciones e ir descontando los días que le quedan para volver a disfrutar del pleno relax. Así actúan el 11% de los franceses, el 7% de los italianos y el 6% de los españoles.

“El estrés es un factor omnipresente en nuestra vida, sobre todo en el entorno laboral. Sin embargo, existen varias formas de paliar sus efectos e intentar mantenerlo bajo control. Una gestión eficaz del estrés repercute positivamente en el trabajo del empleado, que estará más motivado y responderá de forma más eficaz a las necesidades de la compañía”, asegura Verónica Milo, directora del departamento Marketing de Monster España.

Fuente: Aprendermas.com

miércoles, 21 de septiembre de 2011

España, segunda por la cola.



Esta es una gráfica que muestra la población Europea, de entre 20 y 24 años, que han superado el nivel de Bachillerato. Se aprecia claramente que España es el segundo País con el menor indice de población que ha superado este nivel. ¿A qué es debido?¿El problema es el sistema Educativo, o tal vez los Profesores?¿Qué nos mueve a estudiar?¿Y a no hacerlo?

Desde mi punto de vista, el estudiante del siglo XXI se acoge firmemente a la curiosa "Ley del mínimo esfuerzo", que expone que un simple 5 es más que suficiente para satisfacer su sed de conocimiento. Es cierto que muchas veces, ese 5 se debe a que las preguntas de las cuales ha tratado el examen, no las ha sabido contestar y que, en realidad, sus conocimientos son "un poco superiores".

Si se piensa bien, es un poco deprimente. La gente se alegra por saber menos. Incluso parece que el que menos sabe, está un escalón más alto en la sociedad que el que tiene unos conocimientos cultivados. ¿Quien no a escuchado frases cómo la de "Con un 5 me sobra" o "Me lo he mirado por encima"? Si queremos avanzar como civilización, no creo que esa sea la aptitud que debamos adoptar.

Es cierto que hoy en día, todo conocimiento está a un "CLIC" de nosotros y podemos acceder fácilmente a él. Google es capaz de solucionarte practicamente cualquer problema en una media de 0,16 segundos. Pero de momento, al menos que yo sepa, no lo tenemos incrustado en la cabeza (Ojalá ¿verdad?).

Yo no soy de los que piensan que los estudiantes deben encerrarse en casa, abrir un libro, y dedicarle toda la adolescencia y gran parte de la adultez (los mejores años de la vida, por así decirlo), porque sería desperdiciar la mejor época de nuestras vidas (lo cual veo un grave error). Pero sí pienso que si nos conformamos solo con lo mínimo, no hacemos más que relentizar nuestro propio progreso. Ya no se trata de tener una meta u otra en la vida, de ser profesor, carpintero o abogado, sino de ser competentes en lo que realizamos.

Algún día el mundo estará en nuestras manos. Y seremos nosotros los que deberán saber que hacer con él.

Gráfica extraida de Bussinder.com